Caract. de la Int. terapéut. en la infancia T1
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Título del Test:
![]() Caract. de la Int. terapéut. en la infancia T1 Descripción: MPGS Udima Int. y Tto en Ps. Clínica y de la Salud I: Infancia y Adolescencia |



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Según UNICEF (2021), aproximadamente qué porcentaje de adolescentes presenta un trastorno mental diagnosticado: Más del 13%. Menos del 3%. Más del 40%. La causa más frecuente entre adolescentes de 15-19 años es: Los accidentes de tráfico. El suicidio. Las enfermedades infecciosas. Los problemas en la infancia y adolescencia deben abordarse desde: Un modelo exclusivamente biológico. Un marco evolutivo y multisistémico. Un enfoque centrado únicamente en el síntoma. En menores, cuando se requiere tratamiento farmacológico, se recomienda: Evitar cualquier tratamiento psicológico. Acompañarlo de tratamiento psicológico, generalmente TCC. Utilizar solo terapia familiar. Los distintos grados de recomendación de tratamientos dependen principalmente de: La popularidad clínica. El número de estudios que avalen su eficacia. El coste económico. Algunos tratamientos siguen apareciendo como eficaces porque: Son siempre respetuosos con el paciente. Existen estudios antiguos que los apoyaban. Nunca se revisa la evidencia científica. Uno de los factores de especial relevancia en la terapia infantil es: La influencia del desarrollo evolutivo. La independencia total del contexto. La ausencia de diferencias individuales. Una conducta puede ser normal en un momento evolutivo y atípica en otro debido a: Las diferencias evolutivas. La ausencia de aprendizaje. La falta de motivación. La especificad situacional hace referencia a: La estabilidad absoluta del comportamiento. La influencia del ambiente y los contextos. La irrelevancia de los factores familiares. Los factores contextuales adversos: No influyen en los problemas infantiles. Influyen en la naturaleza y severidad de los problemas. Solo afectan al rendimiento escolar. La demanda terapéutica en menores suele provenir de: Los propios niños. Únicamente los pediatras. Padres, profesores o pediatras. La falta de motivación del menor puede deberse a que: Siempre desea acudir a terapia. Los adultos establecen la demanda terapéutica. Conoce perfectamente el motivo de consulta. La relación terapéutica en población infantil: Tiene poca relevancia clínica. Influye en el curso y resultado de la terapia. Solo es importante en adolescentes. La relación terapéutica es especialmente importante porque: Los menores siempre acuden voluntariamente. Muchos menores no acuden voluntariamente a terapia. Sustituye cualquier técnica terapéutica. Entre las características importantes del terapeuta infantil se encuentran: Cordialidad y empatía. Distancia emocional rígida. Neutralidad absoluta y fría. El terapeuta puede convertirse para el niño en: Un modelo de apego basado en validación y seguridad. Una figura exclusivamente académica. Un sustituto parental rígido. ¿Qué afirmación es correcta?. La técnica está por encima de la relación terapéutica. No sacrificar la relación terapéutica por una técnica. Las técnicas son lo único relevante. En la intervención clínica infantil pueden implicarse: Solo los padres. Padres, familiares o profesores. Exclusivamente el terapeuta. El tratamiento infantil puede administrarse: Solo en consulta. Únicamente en el colegio. En diversos contextos como casa, colegio o clínica. El trabajo del terapeuta infantil se dirige: Al niño. A los adultos. Tanto al menor como a los adultos responsables. Al inicio del tratamiento, la labor del terapeuta incluye: Excluir a la familia del proceso. Asegurar la implicación de los adultos. Centrarse solo en síntomas biológicos. Durante el desarrollo del tratamiento, el terapeuta puede: Enseñar a registrar conductas. Evitar cualquier entrenamiento. Eliminar la participación parental. En evaluación y seguimiento, el terapeuta debe: Evitar hablar de recaídas. Analizar percepciones de cambio y prevención de recaídas. Finalizar automáticamente el tratamiento. La valoración del efecto terapéutico debe considerar: Una única fuente de información. Solo el relato del niño. Múltiples dimensiones y fuentes. Entre las dimensiones evaluadas del efecto terapéutico se encuentra: El funcionamiento familiar y parental. El rendimiento cognitivo. Síntomas fisiológicos. El alcance social y escolar implica: Examinar el impacto del tratamiento en distintos ambientes. Ignorar la adaptación escolar. Centrarse únicamente en casa. En terapia infantil, el cliente suele ser: El menor. El adulto que solicita la demanda psicológica. El profesor. El paciente es: El terapeuta. El adulto responsable. El menor que recibe atención. La demanda suele llegar cuando: Existe impacto adverso prolongado en el medio natural. No hay ninguna dificultad observable. Los problemas desaparecen espontáneamente. Muchas veces los problemas del menor: Son independientes del contexto familiar. Reflejan problemas familiares. No se relacionan con los padres. Los padres pueden participar como: Colaboradores, consultores o clientes directos. Solo observadores pasivos. Únicamente figuras administrativas. Hasta los 8 años los padres suelen tener: Un papel más activo en la intervención. Un papel irrelevante. Menor importancia que en la adolescencia. El terapeuta debe: Ignorar el motivo de consulta. Legitimar la consulta y determinar conductas problema. Trabajar solo con síntomas generales. Las variables evolutivas influyen en: Los cambios biológicos, cognitivos y sociales. En la conducta motora. En el razonamiento moral. Los hitos evolutivos permiten: Diferenciar desarrollo normal y psicopatología. Diagnosticar sin evaluación. Eliminar el análisis funcional. El análisis funcional debe prestar atención a: Las influencias evolutivas implicadas. La conducta observada. Solo factores biológicos. Las estrategias de tratamiento deben seleccionarse: Sin considerar el desarrollo. Atendiendo a las pautas evolutivas. Según preferencia del terapeuta. El plan de tratamiento debe tener en cuenta: La capacidad cognitiva del menor. La edad cronológica. La opinión de los padres. Las fuentes de reforzamiento: Son iguales en todas las edades. Varían según el momento evolutivo. No tienen relevancia terapéutica. Los paraprofesionales suelen ser: Padres, profesores o compañeros entrenados. Solo psiquiatras. Únicamente terapeutas expertos. Los paraprofesionales aplican el plan de intervención: Sin supervisión. Bajo supervisión del terapeuta. Independientemente del terapeuta. Uno de los objetivos de los paraprofesionales es: Contextualizar el tratamiento en el medio natural. Sustituir la terapia. Evitar las interacciones familiares. Los programas EDUCA y EmPeCemos: Son tratamientos farmacológicos. Forman a adultos en estrategias conductuales. Se centran solo en adolescentes. La atención preferente a comportamientos observables se debe, entre otros motivos, a: La dificultad de verbalización del menor. La excesiva capacidad introspectiva infantil. La ausencia de sesgos parentales. La observación contextual permite: Ignorar el contexto social. Situar la evolución del niño respecto a la norma. Diagnosticar sin evaluación. Observar conductas ayuda a: Clarificar sesgos de interpretación adulta. Eliminar todas las etiquetas. Sustituir la entrevista clínica. El motivo de consulta debe plantearse: En términos abstractos. En etiquetas generales. En términos de comportamiento manifiestos. La necesidad de tratamiento infantil depende de: La magnitud del problema y el análisis coste-beneficio. La preferencia de los padres. El número de síntomas físicos. El análisis del marco social considera: El deterioro de la calidad de vida. Solo el rendimiento escolar. Factores biológicos. Lo ideal es administrar el tratamiento: En consulta privada. En el medio natural. Online. Una de las preguntas clave para decidir la intervención es: Si el problema también supone un problema para el niño. Si el terapeuta tiene tiempo disponible. Si el tratamiento es breve. Antes de iniciar el tratamiento debe excluirse: La influencia familiar. Factores médicos o psicológicos que requieran otra especialidad. La existencia de síntomas emocionales. Entre los pasos de planificación se encuentra: La operacionalización de la conducta problema. Evitar riesgos conductuales. Eliminar el análisis funcional. Operacionalizar una conducta implica: Describirla de forma clara y medible. Etiquetarla de forma general. Interpretarla subjetivamente. El análisis funcional busca: Analizar circunstancias implicadas en el origen y el mantenimiento. Sustituir la observación clínica. Eliminar el contexto familiar. Los objetivos conductuales deben ser: Ambiguos y flexibles. Específicos y medibles. Teóricos. La generalización y mantenimiento pretenden: Mantener resultados positivos en distintos contextos. Finalizar rápidamente el tratamiento. Evitar seguimientos. Un obstáculo inicial por parte de los adultos es: La certeza absoluta sobre el problema. Las dudas sobre la utilidad del tratamiento. La ausencia de expectativas. Algunos padres pueden dudar del problema porque: La consulta fue recomendada por terceros. Siempre detectan correctamente las dificultades. El niño solicita ayuda directamente. Un obstáculo por parte del menor es: La participación voluntaria constante. La dificultad para establecer la relación terapéutica. La aceptación de las directrices del terapeuta. Durante la intervención puede aparecer: Impaciencia por la demora de mejorías. Ausencia de dudas. Mantenimiento perfecto de adherencia. El tratamiento puede interrumpirse por: Cambios familiares o escolares. Mejoría percibida. Todas la anteriores. En el seguimiento puede aparecer: Minimización de recaídas. Incremento del registro conductual. Ausencia de cancelaciones. Según la AAP y la APA, el tratamiento con mayor apoyo científico en infancia y adolescencia es: La terapia psicodinámica. La TCC. El psicoanálisis clásico. La TCC cuenta con menos apoyo científico en casos de: Manía, suicidio y abuso de sustancias. Trastornos de ansiedad. Fobias específicas. Las guías dee práctica clínica: Sustituyen el juicio clínico. Proporcionan orientación basada en la evidencia. Solo sirven en investigación. |




