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Habilidades T7

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Título del Test:
Habilidades T7

Descripción:
la Resistencia en Psicoterapia

Fecha de Creación: 2026/01/22

Categoría: Otros

Número Preguntas: 25

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Según el documento, la primera interpretación errónea habitual ante la falta de cambio del paciente es pensar que: No comprende las instrucciones del terapeuta. No quiere cambiar. Intenta manipular al terapeuta. El trastorno es demasiado grave.

El texto afirma que muchos comportamientos que parecen boicot son en realidad: Estrategias conscientes de oposición. Indicadores de psicopatología severa. Intentos de mantener seguridad y estabilidad. Resistencias provocadas exclusivamente por el entorno.

En el psicoanálisis clásico, la resistencia se definía principalmente como: Una defensa aprendida en la infancia. Una fuerza psíquica que evita que lo inconsciente se vuelva consciente. Una consecuencia del trauma. Un fenómeno relacional.

Desde el conductismo, la resistencia se ha entendido como: Un conflicto intrapsíquico. Una reacción a interpretaciones ofensivas. El incumplimiento de tareas propuestas por el terapeuta. Una defensa ante la vulnerabilidad.

Según el enfoque constructivista, la resistencia puede surgir cuando: El paciente evita recuerdos dolorosos. El terapeuta impone valores o metas distintas a las del paciente. El tratamiento es demasiado breve. El paciente tiene apego desorganizado.

Para Pipes y Davenport, la resistencia implica sobre todo: Negación de emociones. Ambivalencia ante la exploración de motivaciones poco conocidas. Rechazo explícito a la figura del terapeuta. Pérdida de insight.

En la clasificación de Preston, la resistencia al proceso terapéutico se relaciona con: Necesidad de autonomía. Amenaza al narcisismo y vulnerabilidad al expresar emociones. Reacciones del entorno. Estilos de apego evitativo.

Una conducta orientada a reducir el valor de la emoción consiste en: Hablar en segunda persona. Cambiar de tema. Minimizar o justificar la emoción emergente. Llegar tarde a la sesión.

Un ejemplo claro de conducta evasiva sería: Hacer demasiadas preguntas al terapeuta. Justificar excesivamente una emoción. Explicar detalles irrelevantes durante mucho tiempo. Ridiculizar el tema sensible para evitar profundizar.

El lenguaje resistente se caracteriza por: Uso repetido del silencio. Devaluación emocional extrema. Hablar en términos impersonales, intelectualizar o usar refranes. Interrupciones bruscas al terapeuta.

La "huida hacia la salud" se produce cuando: El paciente abandona el tratamiento por sentirse mejor. Aparece una mejoría repentina justo antes de trabajar un contenido doloroso. El paciente evita hablar del terapeuta. El terapeuta confronta una resistencia.

Las conductas conciliadoras se utilizan para: Ganar control sobre la relación. Evitar entrar en contenidos dolorosos mediante amabilidad excesiva. Establecer límites claros. Provocar reacciones negativas del terapeuta.

Las conductas provocativas suelen asociarse con: Estilos de apego seguro. Intento inconsciente de provocar rechazo del terapeuta. Miedo a sentir emociones intensas. Procesos exclusivamente intrapsíquicos.

Antes de intervenir en la resistencia, el terapeuta debe valorar: La duración del tratamiento. La gravedad del diagnóstico. La alianza terapéutica y la fortaleza emocional del paciente. El apoyo farmacológico.

Ignorar la resistencia puede ser adecuado en: Pacientes con riesgo suicida. Momentos tempranos del tratamiento o pacientes muy resistentes. Terapias avanzadas. Situaciones de confrontación directa.

Señalar la resistencia implica: Desafiar al paciente directamente. Interpretar el origen inconsciente del conflicto. Nombrar la resistencia sin insistir en profundizar. Postergar el cambio.

Aliarse con la resistencia suele tener como efecto: Aumentar la evitación. Reducir la tensión y permitir una aproximación posterior al contenido evitado. Invalidar al paciente. Generar confrontación indirecta.

La confrontación de la resistencia requiere: Mayor insistencia y presión desde el principio del tratamiento. Alianza sólida y capacidad del paciente para tolerar emociones. Uso de metáforas exclusivamente. Evitar nombrar emociones.

Las intervenciones paradójicas NO deben usarse con: Adolescentes con baja motivación. Pacientes reactivos. Pacientes con riesgo suicida o autolesiones. Pacientes que desconfían del terapeuta.

El uso de metáforas permite: Evitar que el paciente sienta emociones intensas. Conectar con el hemisferio izquierdo. Sortear resistencias accediendo a la parte emocional. Reducir la alianza terapéutica.

Es un factor de riesgo suicida mencionado en el texto: Baja autoestima general. Problemas laborales previos. Actividades peligrosas recientes, como caminar por carreteras sin señalización. Dificultades de sueño persistentes.

El plan de prevención del suicidio puede incluir: Evitar preguntar por ideación suicida. Un contrato de no autoagresión por un tiempo. Reforzar la evitación. Minimizar la gravedad de la ideación.

Un cambio en el sistema familiar ante la terapia puede generar: Apoyo incondicional al proceso terapéutico. Conductas regresivas en otros miembros de la familia. Mejora automática en la dinámica familiar. Desvinculación de responsabilidades.

Cuando el paciente no quiere seguir y no hay progreso, el terapeuta debe: Obligar a continuar hasta romper la resistencia. Mantener la terapia aunque sea improductiva. Plantear explícitamente el fin de la terapia dejando la puerta abierta al futuro. Derivar siempre a otro profesional.

¿Cuándo el paciente ya está bien, el texto afirma que: El psicólogo debe decidir unilateralmente el alta. El paciente siempre debe continuar para prevenir recaídas. El alta debe ser un proceso negociado, donde el paciente tiene la decisión final sobre su vida. El alta debe posponerse para evitar duelos.

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