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Psicología de la educación Tema 8 UCV

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Título del Test:
Psicología de la educación Tema 8 UCV

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Hecho con gemini

Fecha de Creación: 2026/06/02

Categoría: Otros

Número Preguntas: 30

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Según el dossier de la asignatura, la diferencia principal en cuanto a la duración e intensidad entre emoción y sentimiento es que: La emoción es de corta duración e intensa, mientras que el sentimiento es de baja intensidad y larga duración. La emoción es un estado afectivo muy prolongado, mientras que el sentimiento es una alteración orgánica breve. Ambos conceptos son sinónimos perfectos y comparten exactamente la misma intensidad y duración temporal.

El concepto formal de emoción se define explícitamente en los materiales como una respuesta multidimensional que está: Desvinculada de estímulos actuales y orientada únicamente hacia recuerdos del pasado remoto. Temporalmente asociada con un estímulo desencadenante actual, tanto externo como interno. Determinada en exclusiva por factores ambientales externos sin ninguna base fisiológica o biológica.

Las dimensiones que configuran el fenómeno emocional, según el esquema de la asignatura, son: Dimensión escolar, dimensión familiar, dimensión social y dimensión económica. Dimensión lingüística, dimensión lógico-matemática, dimensión musical y dimensión espacial. Dimensión biológica, dimensión funcional, dimensión cognitiva y dimensión conductual.

Etimológicamente, la palabra "emoción" proviene del latín "movere", lo que significa conceptualmente: Un estado de parálisis reflexiva ante un problema matemático. Un movimiento hacia, lo que predispone a la acción de modo diferente. Una desconexión total de las funciones motoras del organismo humano.

De acuerdo con los hitos del desarrollo emocional, ¿en qué momento aproximado de la infancia surge la risa en situaciones sociales?. Hacia los tres meses de edad, vinculada a la emoción de la alegría. Hacia los ocho meses de edad, ligada al desarrollo del lenguaje verbal. Hacia los doce meses de edad, de forma simultánea a la marcha autónoma.

En el desarrollo evolutivo, la emoción de la sorpresa surge hacia los 5-6 meses porque requiere de forma necesaria: La capacidad cognitiva de comparar lo que ocurre con lo que se esperaba. La presencia física de los dos progenitores de manera simultánea en el aula. El control completo de los esfínteres y de la musculatura esquelética larga.

Alrededor de los dos años de edad, el niño experimenta un salto cualitativo en su vivencia emocional debido a: El desarrollo de la corteza cerebral, la autoconciencia y el lenguaje. La desaparición completa de las respuestas biológicas innatas de la amígdala. El inicio formal de la escolarización obligatoria en la etapa de Primaria.

Gracias al desarrollo del lenguaje a partir de los dos años, el niño adquiere nuevas estrategias emocionales como: Evitar de forma sistemática el contacto visual con sus figuras de apego primario. El llanto indiferenciado como única vía de comunicación de sus necesidades básicas. Hablar sobre sus problemas, planificar su conducta y reinterpretar situaciones.

En el modelo de Inteligencia Emocional de Mayer y Salovey (1997), el constructo se organiza a través de: Cuatro habilidades básicas: percepción, facilitación, comprensión y regulación emocional. Tres componentes externos: la herencia genética, el nivel socioeconómico y el centro escolar. Cinco rasgos temperamentales fijos: la timidez, la extraversión, la apatía, la ira y la calma.

Goleman, adaptando a Salovey, establece cinco componentes esenciales de la Inteligencia Emocional, entre los que se incluyen: Comprensión lectora, velocidad de procesamiento, memoria, atención y razonamiento. Autoconocimiento, control de emociones, automotivación, empatía y control de relaciones. Expresión artística, psicomotricidad gruesa, agudeza auditiva, lenguaje y cálculo.

Las investigaciones científicas citadas en el texto vinculan de forma directa una mayor Inteligencia Emocional con: Un menor rendimiento académico en las materias científicas tradicionales. Una menor necesidad de establecer relaciones de apego durante la primera infancia. Una mejor salud física y mental, mayor bienestar y mejor rendimiento académico.

La investigación de Jerome Kagan en la Universidad de Harvard demuestra una idea clave sobre el temperamento: El temperamento es inmutable y las experiencias de aprendizaje no pueden modularlo. Las experiencias pueden reeducar la hiperexcitabilidad de la amígdala en niños tímidos. La timidez o la apertura dependen exclusivamente de la estimulación musical del aula.

Para modular la hiperexcitabilidad de la amígdala en niños tímidos, las lecciones de padres y profesores deben evitar: La sobreprotección, aplicando en su lugar una leve presión para afrontar situaciones. El uso del refuerzo social positivo ante conductas de apertura en el juego. Establecer límites conductuales claros mediante el uso de la palabra "no".

El apego se define conceptualmente en el bloque de intervención psicológica como un lazo afectivo: Pasajero y débil que surge únicamente en entornos escolares formales. Intenso y duradero entre dos personas que proporciona seguridad, consuelo y protección. Exclusivamente paterno que se rompe tras la aparición del primer diente del bebé.

De acuerdo con los planteamientos de Harlow (1959), el apego se considera en la especie humana como: Una predisposición biológica del niño que ayuda a aumentar sus posibilidades de supervivencia. Una conducta puramente aprendida mediante refuerzos materiales durante la alimentación. Un síntoma psicopatológico secundario que entorpece el desarrollo intelectual posterior.

Los dos grandes determinantes que configuran la calidad de la relación de apego del bebé son: El tamaño del centro de salud y la titulación académica de los cuidadores principales. El temperamento del bebé y el estilo interactivo de la madre o del padre. El peso al nacer del menor y el orden de nacimiento dentro del núcleo familiar.

Para establecer un correcto apego con el menor de 0 a 2 años, las figuras de referencia deben ser capaces de: Percibir, interpretar correctamente y responder puntualmente a las señales del niño. Ignorar las demandas del lactante para fomentar la independencia motora temprana. Sustituir la presencia física por estímulos visuales complejos de carácter tecnológico.

La vida familiar constituye la primera escuela de aprendizaje emocional porque en ella aprendemos: Únicamente los nombres de los colores y las operaciones matemáticas básicas. A sentirnos nosotros mismos y la forma en que los demás reaccionan a nuestros sentimientos. A suprimir cualquier manifestación de malestar para evitar conflictos interpersonales.

El informe del National Center for Clinical Infant Programs destaca que las capacidades emocionales del niño se determinan por: La reiteración de un tipo de mensajes por parte de los padres a lo largo de los años. Factores estrictamente ambientales ajenos al control de los miembros del hogar. La aplicación aislada de pruebas neuropsicológicas durante el primer año de vida.

Las vías principales a través de las cuales opera de forma directa la influencia de la familia en las emociones son: Las lecturas obligatorias de la escuela, el uso de juegos de mesa y el deporte individual. Lo que hacen y dicen directamente, los modelos que ofrecen y su relación de pareja. El tipo de alimentación diaria, las horas de sueño y las visitas al pediatra.

Para enseñar a un niño a ser más inteligente emocionalmente, el primer paso fundamental consiste en ayudarle a: Suprimir las señales físicas de la emoción para que nadie note su malestar interno. Identificar qué es lo que siente, en qué lugar del cuerpo lo siente y cómo se llama. Desarrollar un autoconcepto basado únicamente en sus habilidades motrices.

En el aula o el hogar, el adulto puede actuar como un espejo emocional del niño mediante la estrategia de: Castigar físicamente al menor cada vez que muestre una conducta impulsiva en el aula. Devolver aquello que ve a nivel físico y conductual, por ejemplo: "te noto enfadado". Ignorar de forma sistemática cualquier cambio en la expresión facial del estudiante.

Entre las técnicas básicas de autocontrol emocional citadas en el texto para evitar ser arrastrados por los impulsos se encuentran: La evitación cognitiva, el aislamiento social prolongado y la queja sistemática. El aumento del ritmo cardíaco, la aceleración metabólica y el sobreesfuerzo. La relajación muscular progresiva de Jacobson, la respiración profunda y el parar y pensar.

La conocida técnica de autocontrol de "La Tortuga" (Schneider y Robin, 1992) está especialmente diseñada para: Alumnos de Educación Infantil y primer ciclo de la etapa de Educación Primaria. Estudiantes con altas capacidades intelectuales matriculados en la Educación Secundaria. Profesores que sufren de estrés laboral crónico fuera de la jornada del centro.

Las cuatro consignas secuenciales que componen la técnica infantil de "La Tortuga" son: Correr, gritar, buscar un objeto punzante y golpear la mesa del aula. STOP, respiro hondo, ¿cómo me siento? y ¿qué problema tengo?. Llorar, esconderse, esperar la intervención del docente y cambiar de actividad.

La técnica del "Semáforo" propone una serie de pasos para el autocontrol que guían al alumno a: Detenerse, expresar el problema, proponerse un objetivo positivo y pensar soluciones. Actuar de inmediato, ocultar los sentimientos, buscar culpables y aislarse de todos. Memorizar las normas de conducta del centro sin analizar las consecuencias individuales.

Para fomentar la empatía en el aula, el texto subraya que el docente debe poner en práctica: Una escucha atenta, observar la postura y la cara, e intentar adivinar el sentimiento oculto. Una actitud de indiferencia corporativa que obligue al alumno a resolver todo solo. La aprobación constante de las conductas agresivas si estas ocurren fuera del centro.

De acuerdo con John Gottman (Universidad de Washington), una pauta clave de la educación emocional es: Ser altamente punitivos ante cualquier muestra de tristeza en el contexto escolar. Aprovechar los problemas emocionales de los niños como oportunidades de desarrollo. Evitar hablar de los sentimientos dentro del aula para no restar tiempo a las materias.

Los resultados del programa "Clínica de la amistad" (Amori Yee Mikami) indican que para que estas intervenciones sean eficaces: Se debe excluir totalmente a las familias para evitar sesgos en el aprendizaje del niño. Se debe centrar todo el trabajo en el uso de fármacos moduladores de la amígdala cerebral. Se debe incluir formación a los padres en las técnicas para que las apliquen en la vida real.

Dentro de los componentes de los programas de prevención en la escuela, la dimensión de "Habilidades Cognitivas" incluye: Hablar con uno mismo, interpretar indicadores sociales y comprender el punto de vista ajeno. El control del tono de voz, el uso de gestos abiertos y la postura corporal correcta. La relajación muscular progresiva, el control del estrés y la demora de la gratificación.

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