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Mi Daypo

royugre

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Título del test:
royugre

Descripción:
Flandul

Autor:
Naiboc
(Otros tests del mismo autor)

Fecha de Creación:
01/05/2021

Categoría:
Fans

Número preguntas: 30
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Temario:
1. Gato es a felino como cero es a: diez perro dígito uno.
2. Bueno es a malo como sonrisa es a: llanto alegría tristeza amable.
3. Si babilonia fue la cuna de la civilización: Babilonia es a civilización como cuna es a: mecer recién nacido ciudad cama.
4. Si el hombre era esclavo de su ambición: hombre : ambición :: esclavo : trabajo campo sirviente amo.
5. Teclado es a escribir como micrófono es: hablar percibir comunicar escuchar.
6. México es a peso como Rusia es: rublo yen grivna franco.
7. Poder Ejecutivo es a Presidencia como Poder Legislativo es: ministerio consejo legislativo tribunal parlamento.
9. Ocre es a color como dedo es: revocar invalidar mano anual.
9. Filántropo es a misántropo como egoísta es: altruista codicioso pancista avaro.
10. Coaccionar es a obligar como irritar es: consolar exasperar serenar apaciguar.
EVALÚE LA UBICACIÓN DE LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN EN LAS SIGUIENTES FRASES Y MARQUE LA OPCIÓN QUE CONSIDERE APROPIADA. 11. Señale la opción en la que el signo de punto y coma está bien utilizado: Si vienes más tarde; no podremos ir al cine. Presentó dentro del plazo reglamentario toda la documentación necesaria; sin embargo, le han dicho que tiene pocas posibilidades. Tiene pocas posibilidades; aunque ha presentado toda la documentación dentro del plazo legal. Aunque tengo mucho trabajo; procuraré ir.
12. Seleccione la alternativa que presenta un uso correcto de coma: Señores, si todos ponemos de nuestra parte lograremos concluir este gran proyecto. Señores si todos, ponemos de nuestra parte, lograremos concluir este gran proyecto. Señores, si todos ponemos de nuestra parte, lograremos concluir este gran proyecto. Señores si todos ponemos, de nuestra parte, lograremos concluir este gran proyecto.
13. Patricia llegó a casa y su marido no estaba. Señale dónde debería ir la coma para que el enunciado describa esa situación: Cuando llegó su marido, no estaba en casa Cuando llegó, su marido no estaba en casa Cuando llegó su marido, no estaba en casa Cuando llegó, su marido, no estaba en casa .
14. Qué oración está bien puntuada? Los alumnos, que no vengan a clase, tendrán que traer una justificación Que tengas aprobado el examen, no significa que vayas a aprobar la asignatura. Afortunadamente he tenido tiempo de prepararme para la competición del jueves Leí el libro de Posteguillo, ya que era materia de examen.
15. El uso de los dos puntos en el enunciado Así me gustan las historias: breves, emocionantes y con un final sorprendente: Es correcto, aunque también se admitiría el uso de coma o punto y coma. Es incorrecto, ya que sobra el elemento anticipador (Así). Es incorrecto, puesto que deberíamos ordenar el enunciado de esta manera: Las historias me gustan así: breves, emocionantes y con un final sorprendente. Es correcto. En este caso, se utilizan los dos puntos para anticipar una enumeración. .
16. ¿Qué enunciado está bien puntuado? Ayer me compré: un libro de Javier Cercas, un disco de Joaquín Sabina, una libreta de papel reciclado y una pluma estilográfica. Mis favoritas son: Ana, Bárbara y Mercedes. Me gustan, sobre todo, dos autores: Ian McEwan y Julian Barnes. La película está dirigida por: Carlos Saura, Víctor Erice y Juan Antonio Bardem.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 17. ¿Quién es el personaje principal del cuento? NOTA: este texto apareció en la Prueba sin separaciones de párrafos, es decir, en un solo párrafo La anciana El narrador Ednodio Quintero El hijo de la anciana.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 18. ¿cuántos años tenía el hijo de la anciana al morir? 3 5 40 15.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 19. Con certeza, en la foto estaba: una oveja toda la familia un niño un perro ovejero.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 20. Los hechos sucedieron en: un manicomio la casa de la anciana un hospital la casa del narrador.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 21. La segunda explicación sobre la conclusión de la anciana con relación a la fotografía es que: adoptó al pero parió al perro estaba ciega deliraba.
TEXTO No. 1 ÁLBUM FAMILIAR (Ednodio Quintero) «Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños». Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo. «Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo». Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias. Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio. Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños. Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados... La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño. Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente. Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar. (Texto tomado del libro Cabeza de cabra y otros relatos publicado en 1993 por Monte Ávila Editores Latinoamericana) 22. En el cuento: hay personajes humanos y personajes animales es ambiguo el tipo de personajes los personajes son humanos los personajes son animales.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 23. De acuerdo al texto ¿qué significa el nombramiento a Aristóteles como preceptor del hijo de Filipo de Macedonia? NOTA: este texto apareció en la Prueba sin separaciones de párrafos, es decir, en un solo párrafo acompañante cuidador maestro amigo.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 24. ¿Cuál de los siguientes años antes de Cristo se acerca más a la era cristiana? 322 335 343 384.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 25. El origen de Aristóteles fue: fenicio árabe griego romano.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 26. Aristóteles tuvo como maestro a: Filipo Alejandro Sócrates Platón.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 27. La escuela aristotélica adoptó el nombre el Liceo: el santuario dedicado al dios Apolo Liceo sus enseñanzas de lógica, física, biología, ética y política. la ayuda económica de Alejandro el nombramiento de Filipo de Macedonia como preceptor de su hijo Alejandro.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 28. Según el texto, ¿cuáles fueron las obras creadas por Aristóteles con la ayuda de Alejandro? una gran biblioteca y un curioso zoológico preceptor de Alejandro. alquilar un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo la lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. .
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 29. Con cuáles de las siguientes opciones se asocia la frase de Aristóteles “Soy amigo de Platón pero más amigo de la verdad”: su padre médico de la corte de Macedonia alejamiento y ruptura de su maestro Platón las enseñanzas de la escuela aristotélica su dedicación a investigar y enseñar distintas disciplinas.
TEXTO Nº 2 Aristóteles, más allá de la física Aristóteles es el otro gran pensador original, la única figura capaz de compararse con Platón. Aristóteles nació en Estagira en el 384 a.C. y murió en Calcis en el 322 a.C. Era hijo de un médico de la corte de Macedonia. Durante veinte años fue discípulo de Platón, del mismo modo que Platón lo había sido a su vez de Sócrates. Pero se fue alejando de la doctrina de su maestro hasta romper con él. Se cuenta que en una ocasión dijo: «Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad». Tan grande es la importancia de estos hombres, que alguien ha comentado que todos los hombres somos o platónicos o aristotélicos. En el 343 a.C, Filipo de Macedonia llamó a Aristóteles a su corte para que fuese el preceptor de su hijo Alejandro, quien a la muerte de su padre en el 335 a.C. ascendió al trono. En ese momento Aristóteles regresó a Atenas y alquiló un terreno junto al santuario dedicado al dios Apolo Liceo, de donde tomó el nombre la escuela aristotélica: el Liceo. En ese lugar Aristóteles y sus discípulos se dedicaron a investigar y a enseñar lógica, física, biología, ética, política y otras disciplinas. Además, con el mecenazgo de Alejandro pudo crear una gran biblioteca y un curioso zoológico. 30. ¿Quiénes integraron la escuela aristotélica el Liceo?: Filipo, su hijo Alejandro y Aristóteles. Aristóteles y sus discípulos dedicados a investigar y enseñar Aristóteles, Platón y Sócrates. Aristóteles y su padre médico de la corte de Macedonia.
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