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Semiología Nefrourológica (clase parte 1)

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Título del Test:
Semiología Nefrourológica (clase parte 1)

Descripción:
Propedeutica clínica

Fecha de Creación: 2026/06/13

Categoría: Otros

Número Preguntas: 65

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La semiología nefrourológica estudia principalmente: Solo enfermedades renales crónicas. Síntomas, signos y maniobras clínicas relacionadas con riñones, vías urinarias, vejiga, uretra, próstata y genitales masculinos. Únicamente el dolor lumbar. Solo exámenes de laboratorio urinario.

Una idea central de la semiología nefrourológica es que: Todo paciente renal consulta por dolor lumbar. El dolor lumbar siempre es de origen renal. No todo paciente renal consulta por dolor lumbar. El diagnóstico renal se hace solo con ecografía.

Además del dolor lumbar, un paciente con enfermedad renal puede debutar con: Edema, hipertensión, cambios en la orina, anemia o alteraciones del volumen urinario. Dolor torácico exclusivamente. Pérdida de visión únicamente. Tos seca persistente.

Antes de solicitar exámenes complementarios, el clínico debe: Iniciar antibiótico de inmediato. Suponer que todo dolor lumbar es renal. Valorar la localización anatómica y el mecanismo fisiopatológico. Pedir tomografía a todos los pacientes.

En el método clínico nefrourológico, un síntoma guía puede ser: Dolor, disuria, hematuria, edema, oliguria o retención urinaria. Cefalea tensional solamente. Dolor ocular. Tos con expectoración.

Ubicar anatómicamente el problema significa determinar si afecta: Solo el riñón. Riñón, glomérulo, túbulo, uréter, vejiga, uretra, próstata o genitales. Únicamente la vejiga. Solo la próstata.

¿Cuál de los siguientes patrones debe determinarse en la evaluación nefrourológica?. Infeccioso, obstructivo, litiásico, glomerular, vascular, tumoral o funcional. Digestivo, respiratorio y endocrino. Neurológico exclusivamente. Dermatológico y oftalmológico.

Un signo de alarma nefrourológico sería: Hematuria macroscópica persistente. Dolor leve que mejora con reposo. Orina clara sin síntomas. Micción normal.

Otro signo de alarma importante es: Retención urinaria. Sed leve. Hambre frecuente. Sueño después de comer.

En el interrogatorio del dolor, preguntar si el dolor es continuo o cólico ayuda a diferenciar: Pielonefritis, litiasis, obstrucción, dolor musculoesquelético o patología genital. Gastritis de pancreatitis. Asma de bronquitis. Hipoglucemia de diabetes.

En la anamnesis de la micción, preguntar “¿arde?” o “¿tiene urgencia?" orienta principalmente a: Cistitis, uretritis, vejiga hiperactiva, obstrucción prostática o retención. Insuficiencia cardiaca derecha. Enfermedad hepática. Neumonía.

Preguntar cuánta orina produce al día y si se despierta de noche para orinar permite reconocer: Polaquiuria, dolor torácico y tos. Poliuria, oliguria, anuria o nicturia. Disnea, ortopnea y apnea. Pirosis y reflujo.

La orina color "coca-cola" puede orientar a: Glomerulopatía. Asma bronquial. Gastritis aguda. Fractura ósea.

La orina espumosa sugiere principalmente: Proteinuria. Hemorragia digestiva. Litiasis vesicular. Hipoglucemia.

La orina turbia o con mal olor puede sugerir: Infección urinaria. Enfermedad pulmonar obstructiva. Hipertiroidismo. Anemia ferropénica.

Entre los antecedentes relevantes en semiología nefrourológica se incluyen: Hipertensión, diabetes, litiasis, infecciones previas, fármacos nefrotóxicos, cirugías, sondaje y ETS. Color favorito del paciente. Tipo de calzado. Número de hermanos únicamente.

¿Cuál de los siguientes medicamentos puede modificar la función renal o los síntomas urinarios?. AINES. Paracetamol en dosis única. Vitamina C ocasional. Suero oral.

Otros fármacos importantes en la evaluación nefrourológica son: IECA/ARA-II, diuréticos, aminoglucósidos, contraste yodado, litio, inhibidores SGLT2, anticoagulantes y anticolinérgicos. Antiácidos simples únicamente. Antihistamínicos de segunda generación solamente. Jarabes para la tos exclusivamente.

El parénquima renal tiene: Mucha sensibilidad dolorosa. Poca sensibilidad dolorosa. Sensibilidad igual a la piel. Sensibilidad solo al frío.

El dolor renal aparece sobre todo por: Distensión de la cápsula renal, inflamación, congestión, obstrucción o compromiso de la vía urinaria alta. Contracción del diafragma. Irritación gástrica. Espasmo bronquial.

La localización típica del dolor renal es: Región lumbar, flanco o ángulo costovertebral. Epigastrio exclusivamente. Región cervical. Región frontal.

El dolor renal suele ser: Profundo, sordo y continuo. Superficial, punzante y siempre breve. Quemante en el pecho. Dolor tipo calambre en la pantorrilla.

Si el dolor renal se irradia hacia abdomen, hipogastrio o región inguinal, puede sugerir compromiso de: Uréter. Hígado. Pulmón. Páncreas.

Fiebre y escalofríos asociados a dolor renal sugieren: Pielonefritis. Migraña. Dermatitis. Rinitis alérgica.

Hematuria asociada a dolor renal puede sugerir: Litiasis, tumor o glomerulopatía. Asma. Hipotiroidismo. Otitis.

Un dato importante es que el dolor lumbar aislado: Siempre equivale a dolor renal. No equivale siempre a dolor renal. Siempre indica litiasis. Siempre indica infección urinaria.

Si el dolor lumbar aumenta con movimiento, postura o palpación muscular, se debe pensar primero en origen: Musculoesquelético. Glomerular. Vesical. Prostático.

El cólico nefrítico o ureteral es el dolor clásico de: Litiasis ureteral. Cistitis simple únicamente. Glomerulonefritis crónica. Hipertensión arterial esencial.

El cólico nefrítico se produce por: Obstrucción aguda y aumento de presión en la vía urinaria. Disminución del volumen pulmonar. Inflamación del colon. Hipoglucemia severa.

El inicio típico del cólico nefrítico es: Brusco. Lentamente progresivo durante años. Siempre después de comer grasa. Exclusivamente nocturno.

La intensidad del cólico nefrítico suele ser: Muy alta, en crisis. Leve y constante. Imperceptible. Solo molesta al caminar.

Una característica típica del cólico nefrítico es que el paciente: Está inquieto y cambia constantemente de posición. Permanece inmóvil porque cualquier movimiento empeora el dolor. Solo presenta sueño. No tiene molestias generales.

El cólico ureteral puede irradiarse a: Flanco, fosa ilíaca, ingle, testículo o labio mayor. Hombro derecho únicamente. Cuello y mandíbula. Región occipital.

Síntomas acompañantes frecuentes del cólico nefrítico son: Náuseas, vómitos, diaforesis y hematuria. Tos productiva y disnea. Visión borrosa y diplopía. Diarrea sanguinolenta exclusivamente.

Si el cálculo ureteral es distal, puede aparecer: Polaquiuria. Hemoptisis. Ictericia. Pérdida auditiva.

El dolor vesical se localiza típicamente en: Hipogastrio o región suprapúbica. Fosa lumbar exclusivamente. Hipocondrio derecho. Región cervical.

El dolor vesical se relaciona con: Distensión vesical, cistitis, retención urinaria o patología vesical. Neumonía. Otitis media. Gastritis crónica.

Dolor que mejora al orinar sugiere: Cistitis o distensión vesical. Pielonefritis exclusivamente. Apendicitis. Pancreatitis.

Dolor suprapúbico con imposibilidad de orinar hace sospechar: Globo vesical. Asma bronquial. Cirrosis. Hipoglucemia.

Dolor con urgencia y polaquiuria sugiere: Patrón irritativo vesical. Dolor musculoesquelético. Insuficiencia respiratoria. Dolor hepático.

El dolor prostático puede percibirse en: Periné, recto, región suprapúbica o zona lumbosacra. Frente y cuero cabelludo. Hombro izquierdo únicamente. Región del tobillo.

En prostatitis aguda, el dolor puede acompañarse de: Fiebre, disuria, dolor al tacto rectal y síntomas obstructivos. Tos seca solamente. Prurito ocular. Dolor de oído.

Todo dolor testicular agudo debe considerarse potencialmente grave hasta descartar: Torsión testicular. Gastritis. Neumonía. Hipotiroidismo.

En el dolor testicular, es importante evaluar: Inicio súbito, posición testicular, reflejo cremastérico, fiebre y síntomas urinarios. Color de ojos. Presión intraocular. Agudeza auditiva.

La disuria se define como: Dolor, ardor o molestia al orinar. Aumento del volumen urinario. Pérdida involuntaria de orina. Incapacidad para iniciar el sueño.

La disuria puede interpretarse como: Cistitis, uretritis, prostatitis, irritación química o litiasis distal. Enfermedad pulmonar. Hipoglucemia. Migraña.

La polaquiuria es: Aumento de la frecuencia urinaria con pequeños volúmenes. Disminución total de la orina. Sangre en la orina. Dolor lumbar profundo.

La polaquiuria puede sugerir: Síntoma irritativo, infección, vejiga hiperactiva, litiasis distal o prostatitis. Tuberculosis pulmonar únicamente. Hepatitis viral. Anemia hemolítica.

La urgencia miccional se define como: Deseo súbito, intenso e impostergable de orinar. Dolor después de comer. Tos nocturna. Dificultad para respirar.

La urgencia miccional puede relacionarse con: Vejiga hiperactiva, cistitis, lesión neurológica o irritación vesical. Neumotórax. Hipertiroidismo. Hepatomegalia.

El tenesmo vesical es: Sensación persistente de querer orinar pese a vaciar la vejiga. Incapacidad para defecar. Aumento de la sed. Dolor torácico opresivo.

El tenesmo vesical puede indicar: Irritación vesical o uretral, frecuente en cistitis. Infarto agudo al miocardio. Asma alérgica. Enfermedad tiroidea.

La estranguria se define como: Micción dolorosa, lenta, gota a gota. Aumento del chorro urinario. Micción completamente normal. Orina abundante y sin dolor.

La estranguria sugiere: Inflamación intensa vesical, uretral u obstrucción. Hipertensión arterial esencial. Dolor muscular lumbar. Bronquitis aguda.

El chorro débil es: Disminución de la fuerza del chorro urinario. Aumento de la frecuencia urinaria. Ardor al orinar. Sangre visible en orina.

El chorro débil puede indicar: Obstrucción infravesical, hiperplasia prostática benigna o estenosis uretral. Pielonefritis exclusivamente. Cistitis sin obstrucción siempre. Glomerulopatía pura.

La intermitencia urinaria se refiere a: El chorro urinario se corta y reinicia. Dolor intenso en flanco. Sangre en la orina. Orina espumosa.

La intermitencia urinaria puede sugerir: Obstrucción prostática, cálculo vesical o disfunción vesical. Enfermedad hepática. Alergia respiratoria. Hipoglucemia.

El goteo terminal es: Pérdida de gotas al finalizar la micción. Pérdida involuntaria constante de orina durante todo el día. Ausencia total de orina. Aumento del volumen urinario nocturno.

El goteo terminal puede relacionarse con: Obstrucción prostática o vaciamiento incompleto. Litiasis renal siempre. Pielonefritis aguda siempre. Glomerulonefritis exclusivamente.

La retención urinaria es: Incapacidad de orinar pese a vejiga llena. Orinar muchas veces poca cantidad. Dolor al orinar. Orina con espuma.

La retención urinaria debe considerarse: Emergencia urológica. Hallazgo normal. Síntoma digestivo. Signo respiratorio.

En retención urinaria se debe buscar: Globo vesical. Soplo carotídeo. Exoftalmos. Ictericia.

La incontinencia urinaria es: Pérdida involuntaria de orina. Dolor lumbar profundo. Incapacidad para orinar con vejiga llena. Orina color coca-cola.

La incontinencia puede ser: De esfuerzo, urgencia, rebosamiento, funcional o mixta. Solo infecciosa. Solo tumoral. Siempre renal.

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