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TEA, TDAH control de los impulsos y conducta TEMA 4 propios

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Título del Test:
TEA, TDAH control de los impulsos y conducta TEMA 4 propios

Descripción:
Tea tdah control de los impuslos y concnducta

Fecha de Creación: 2026/02/01

Categoría: Otros

Número Preguntas: 132

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Temario:

El trastorno de la conducta se enfoca en conductas mal controladas que afectan a otros, más que en el control emocional. v. f.

El trastorno explosivo intermitente se caracteriza por un déficit en el control emocional con arrebatos de ira desproporcionados. v. f.

la característica principal del trastorno negativista desafiante es que combina alteraciones en emociones y conductas. v. f.

El trastorno de conducta se centra principalmente en emociones mal controladas. v. f.

El trastorno explosivo intermitente y el trastorno de conducta representan extremos opuestos en el control de emociones y conducta.El primero se centra en emociones (ira), el segundo en conducta (violación de normas). v. f.

El trastorno negativista desafiante se ubica entre el trastorno explosivo intermitente y el trastorno de conducta según intensidad y gravedad. v. f.

Los trastornos disruptivos, del control de los impulsos y la conducta incluyen afecciones que se manifiestan con problemas de autocontrol del comportamiento y las emociones. v. f.

El trastorno de conducta se caracteriza principalmente por conductas desadaptativas que violan los derechos de los demás o normas sociales, aunque pueden aparecer emociones mal controladas. v. f.

El trastorno explosivo intermitente se centra principalmente en déficit en el control emocional con arrebatos de ira desproporcionados. v. f.

El trastorno negativista desafiante se encuentra entre el trastorno explosivo intermitente y el trastorno de conducta, ya que combina alteraciones emocionales (ira y enfado) y conductuales (discusión y desafío). v. f.

El trastorno explosivo intermitente se caracteriza por arrebatos de ira desproporcionados debido a un déficit en el control emocional. v. f.

El trastorno negativista desafiante combina criterios de emociones y conductas, situándose entre los otros dos trastornos en cuanto a intensidad y gravedad. v. f.

Todos los trastornos disruptivos se manifiestan únicamente como problemas de conducta. v. f.

Los trastorno negativista desafiante, el trastorno explosivo intermitente y el trastorno de conducta tienen su inicio en la infancia, aunque la frecuencia y expresión varían según el trastorno y la edad. v. f.

Los trastorno negativista desafiante, el trastorno explosivo intermitente y el trastorno de conducta son más frecuentes en varones, aunque depende del trastorno y la edad. v. f.

Un trastorno de conducta puede haber sido precedido por síntomas de trastorno negativista desafiante. v. f.

No todos los niños con trastorno negativista desafiante desarrollan un trastorno de conducta, pero algunos trastornos de conducta pueden empezar así. v. f.

Aunque hay relación evolutiva, la mayoría de niños con trastorno negativista desafiante no evolucionan a trastorno de conducta. v. f.

Un trastorno de conducta puede estar precedido por síntomas compatibles con un trastorno negativista desafiante. v. f.

Todos los niños con trastorno negativista desafiante desarrollan posteriormente un trastorno de conducta. v. f.

Para diagnosticar un trastorno disruptivo, basta con que un síntoma aparezca de manera ocasional. v. f.

El patrón de enfado, irritabilidad, discusiones o actitud desafiante del TND debe durar al menos seis meses. v. f.

Para diagnosticar TND, los síntomas deben observarse en la interacción con al menos una persona que no sea un hermano. v. f.

Perder la calma frecuentemente es un síntoma característico del trastorno negativista desafiante TND. v. f.

El TND se considera leve cuando los síntomas se limitan a un solo entorno, por ejemplo, solo en casa o solo en la escuela. v. f.

El TND se considera moderado si los síntomas aparecen únicamente en un entorno. v. f.

La principal característica del trastorno negativista desafiante es el patrón frecuente y persistente de enfado, irritabilidad y discusiones, actitudes desafiantes o vengativas. v. f.

Es poco común que el enfado e irritabilidad en TND se acompañen de características conductuales. v. f.

En ocasiones, niños que muestran un trastorno negativista desafiante manifiestan síntomas tan solo en un ambiente, por ejemplo, en el familiar. Por lo tanto a generalización de los síntomas constituye un indicador de riesgo para la gravedad del trastorno. v. f.

Es necesario valorar el comportamiento del niño en los diferentes entornos en los que se desenvuelve, para comprender la gravedad y el alcance del trastorno. v. f.

Existe una elevada comorbilidad entre el trastorno negativista desafiante y el TDAH. v. f.

Los primeros síntomas del TND suelen aparecer durante la etapa de Educación Infantil. v. f.

La presencia de TND conlleva riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad en el futuro. v. f.

Factores temperamentales, ambientales y genéticos pueden aumentar o disminuir el riesgo de aparición del TND y afectan su evolución y pronóstico. v. f.

Los problemas de regulación emocional son factores temperamentales que pueden predecir y desencadenar la aparición del trastorno negativista desafiante. V. F.

Prácticas de crianza severas, incoherentes o negligentes contribuyen a incrementar los síntomas negativistas. v. f.

Se han identificado marcadores neurobiológicos en el TND, como menor frecuencia cardíaca, reactividad al cortisol basal y anomalías en la corteza prefrontal y la amígdala. V. f.

El TEI(Trastorno explosivo intermitente) se caracteriza por arrebatos recurrentes que reflejan falta de control de los impulsos de agresividad. v. f.

El Trastorno explosivo intermitente (TEI) se caracteriza por arrebatos recurrentes que reflejan falta de control de los impulsos de agresividad. v. f.

En el TEI la agresión física frecuente puede no provocar daños ni lesiones; basta con que se manifieste el comportamiento de agresión. v. f.

La agresividad durante los arrebatos recurrentes en TEI suelen bastante desproporcionada con respecto a la provocación o cualquier factor desencadenante. v. f.

Los arrebatos en el TEI son impulsivos, provocados por la ira y no persiguen objetivos tangibles. V. F.

En el TEI los arrebatos agresivos recurrentes provocan malestar en el individuo y pueden alterar su rendimiento laboral o relaciones interpersonales. V. F.

el TEI impacta negativamente la vida del individuo. V. F.

El TEI puede diagnosticarse en niños de cualquier edad. V. F.

Para asignar el diagnóstico de TEI, los arrebatos no deben explicarse mejor por otro trastorno mental, condición médica o efecto de sustancias. V. F.

En niños de 6 a 18 años, un comportamiento agresivo que forme parte de un trastorno de adaptación puede recibir el diagnóstico de TEI. V. F.

El inicio del comportamiento agresivo impulsivo, problemático y recurrente es más frecuente en la infancia tardía o en la adolescencia. V. F.

El Trastorno de la conductaTC se caracteriza por un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otros ni las normas sociales. V. F.

Acosar, amenazar o intimidar a otros con frecuencia es uno de los criterios de agresión a personas y animales en TC. V. F.

Usar un arma que puede provocar daños graves no se considera un criterio de TC. V. F.

La crueldad física contra personas o animales forma parte de los criterios de agresión en TC. V. F.

Faltar a la escuela comenzando antes de los 13 años sí es un criterio de TC. V. F.

El Trastorno de Conducta no provoca malestar clínicamente significativo en las áreas social, académica o laboral. V. F.

Si el individuo tiene 18 años o más, se pueden cumplir los criterios de Trastorno de Conducta. V. F.

Socialmente, se tiende a clasificar a los niños como “buenos” o “malos” según su comportamiento. V. F.

El “niño malo” demanda más atención y recursos de los adultos, mientras que el “niño bueno” es más fácil de manejar. V. F.

La visión social común asume que el niño “adecuado” es pasivo y conformista, aunque esto es cuestionable desde un enfoque educativo moderno. V. F.

La visión social y educativa tradicional favorece que el niño no defienda su opinión ni sus intereses, promoviendo conformismo. V. F.

Las etiquetas producen un trato diferido o distinto por parte del adulto encargado de la educación o cuidado del menor. V. F.

Una vez etiquetado, es fácil que el menor asuma el papel que se le asigna socialmente. V. F.

La obediencia se considera uno de los atributos más valorados y halagados en los menores. V. F.

La categorización de la obediencia está condicionada por el adulto y por cómo de cómodos les resultan los niños que tienen a su cargo. V. F.

Los niños que no se ajustan a las normas suelen ser considerados “malos” por la sociedad o el adulto encargado. V. F.

Cuando seguimos órdenes, tendemos a responsabilizar de nuestros actos a la persona que nos ordena. Como resultado, la obediencia puede generar en la persona que la ejerce una sensación de estar siendo una herramienta para logar satisfacer los deseos de otra. V. F.

La obediencia puede provocar que el niño deje de sentirse responsable de sus acciones. V. F.

Cumplir con lo dictado por la autoridad no tiene impacto en el desarrollo emocional y social. V. F.

La obediencia puede hacer que los individuos se dejen llevar por la presión del grupo. V. F.

Una fuerte autoestima y pensamiento crítico ayudan a resistir la presión social, evitando dejarse llevar fácilmente por la fuerza del grupo. V. F.

Desear niños dóciles y adultos independientes y críticos es un sinsentido, porque la obediencia excesiva limita la capacidad crítica futura. V. F.

Promover la libertad en la infancia permite que los niños actúen de forma responsable. V. F.

Tomar decisiones por los niños fomenta adolescentes sumisos, que pueden seguir grupos sin cuestionarse lo pertinente de sus actos y sin reflexionar sobre sus propias ideas. V. F.

Promover la libertad en la educación infantil equivale a dar pautas laxas y sin límites. V. F.

Se puede pedir a los niños que cumplan normas sin imponer nuestro criterio. V. F.

Frente al miedo, debe imperar un clima donde el niño aprenda a decir no, defenderse y poner límites. V. F.

Escuchar y aceptar opiniones promueve pensamiento crítico, confianza y seguridad emocional en el aula y en el hogar. V. F.

El fomento de la colaboración es una práctica educativa alternativa a la obediencia. V. F.

Mentir consiste en decir algo contrario a lo que se sabe, piensa o siente. V. F.

Para mentir necesitamos saber algo sobre lo que deseamos engañar, además de autocontrol y conciencia de la mentira. Por ello,es relevante la Teoría de la Mente ya que permite atribuir estados mentales a uno mismo y a los demás para entender su comportamiento. V. f.

Los estados mentales no se pueden observar directamente, sino que deben ser inferidos a partir de pistas y contexto. v. f.

Tareas como la de la Falsa Creencia o la de Sally permiten evaluar la capacidad de mentir y entender la mente de otros. v. f.

La mentira requiere capacidad de planificación, autocontrol y teoría de la mente, que son habilidades cognitivas en desarrollo. v. f.

En el desarrollo normotípico, las mentiras suelen aparecer alrededor de los 4 años y aumentan con la edad. v. f.

Todas las mentiras son iguales, independientemente de su intención u objetivo. v. f.

Se puede mentir para proteger los sentimientos de otra persona, protegerse a uno mismo o autoengañarse.Estas mentiras implican habilidades cognitivas y prosociales, ya que requieren planificación, conciencia y comprensión del otro. v. f.

Mentir con el fin de dañar a otros también se considera una habilidad moral o prosocial. v. f.

Los tres primeros tipos de mentira mencionados (proteger sentimientos, protegerse y autoengaño) requieren habilidades cognitivas. v. f.

La mentira con mayor aceptación social es aquella que persigue proteger los sentimientos de otra persona. v. f.

Desde los primeros años de vida, se evidencian los mecanismos innatos inherentes al ser humano que nos impulsan a ayudar a los demás. Para ello, en ocasiones, se recurre a la mentira como medio para evitar emociones negativas o preservar una adecuada autoestima. v. f.

En algunos contextos, la mentira mejora la calidad de las relaciones sociales y es una habilidad social adaptativa, siempre que se haga de manera responsable. v. f.

Al vernos usar la mentira para proteger sentimientos de otros, los niños aprenden implícitamente a mentir, pero también a considerar los sentimientos ajenos. v. f.

Los niños con menos control de impulsos tienden a recurrir a la mentira como estrategia para evitar consecuencias inmediatas. v. f.

El miedo al castigo es un factor importante que puede motivar la mentira, especialmente si el niño percibe un entorno poco confiable. v. f.

La mentira por autoengaño se utiliza para proteger la autoestima y evitar sufrimiento personal. v. f.

El autoengaño en el juego simbólico refleja la capacidad de distinguir entre la realidad y la fantasía. v. f.

La mentira por autoengaño puede ser saludable y deseable, formando parte del desarrollo cognitivo y emocional del menor. v. f.

cuando recurrimos a la mentira o al engaño con el fin de dañar a los demás, el carácter prosocial o adaptativo desaparece. v. f.

Los términos “tirano” o “síndrome del emperador” corresponden a entidades diagnósticas oficiales recogidas en manuales clínicos. v. f.

un exceso de permisividad o falta de límites puede contribuir al desarrollo de comportamientos considerados “tiranos”. v. f.

Naori (2004) relaciona la tiranía infantil con laxitud o sobreprotección en la educación y pérdida de poder de los padres. v. f.

La percepción de tiranía depende de la subjetividad del adulto, quien decide si ciertos comportamientos son desadaptativos según sus expectativas. v. f.

El uso del término “tirano” suele estar vinculado a expectativas poco realistas sobre la conducta infantil. v. f.

Según Javier Urra (2007), los niños tiranos suelen ser hijos únicos o los menores de la casa.Estos niños tienden a recibir más atención exclusiva, lo que puede favorecer conductas demandantes y caprichosas. v. f.

Estos niños tienden a recibir más atención exclusiva, lo que puede favorecer conductas demandantes y caprichosas. v. f.

El origen de estas conductas suele encontrarse en los primeros meses de vida, especialmente en la atención al llanto del bebé.Una respuesta inmediata y excesiva al llanto sin fomentar la autorregulación puede contribuir a conductas caprichosas y tiránicas. v. f.

Trastornos como trastorno de conducta, trastorno negativista desafiante o trastorno explosivo intermitente pueden precisar intervención profesional. v. f.

La mayoría de las conductas problemáticas son normotípicas; solo una minoría tiene componente clínico, influido por genética y gravedad de los síntomas. v. f.

La vergüenza no es una emoción innata (no la experimentamos desde el nacimiento) sino que está estrechamente vinculada con las vivencias y experiencias previas. Es la emoción que experimentamos cuando nos sentimos ridículos por considerar que hemos hecho algo inadecuado. v. f.

La vergüenza implica autovaloración y juicio sobre nuestra conducta en una situación específica. v. f.

La vergüenza es considerada por Bisquerra (2014) como la emoción social por excelencia y surge en interacciones sociales y refleja autoexigencia y percepción de juicios externos. v. f.

La carencia ética o empatía se encuentra más en quien avergüenza que en quien siente vergüenza; aun así, el efecto sobre el niño es negativo. v. f.

La intervención educativa debe evitar comportamientos que induzcan vergüenza, promoviendo respeto y empatía entre iguales. v. f.

Dado que la vergüenza no es innata, el ambiente educativo y familiar tiene un papel fundamental en su aparición y manejo. v. f.

En un clima seguro y respetuoso, la vergüenza se experimenta de forma saludable y no afecta negativamente al niño. v. f.

Etiquetar al niño (por ejemplo, “Es muy tímido”) retira su sostén emocional y puede generar incomodidad o vergüenza innecesaria. v. f.

Cuando un niño muestra vergüenza, es conveniente prestar excesiva atención para ayudarle a superarla. v. f.

El acompañamiento respetuoso consiste en permitir que el niño explore las situaciones que generan pudor a su ritmo. v. f.

Los procesos madurativos precisan de un entorno respetuoso que tenga en cuenta la idiosincrasia y necesidades de la etapa infantil. v. f.

La comprensión del desarrollo infantil ayuda a reevaluar prácticas educativas obsoletas o dañinas, favoreciendo intervenciones más adecuadas. v. f.

La necesidad de acompañamiento continúa más allá del primer año, siendo los primeros siete años claves en el desarrollo psicoafectivo y en la formación de rasgos personales. v. f.

Los siete primeros años de vida son determinantes en el desarrollo psicoafectivo del niño. v. f.

El enfado de un niño puede ser una respuesta a un exceso de energía acumulada, más que a frustración o mal comportamiento. v. f.

Bien gestionados, los conflictos son un recurso didáctico valioso, ya que permiten que los niños aprendan habilidades sociales y emocionales esenciales. v. f.

La agresividad puede ser una respuesta adaptativa, relacionada con la autoprotección o la autoafirmación frente al entorno. v. f.

Según Porges (2011) y la teoría polivagal, los comportamientos desafiantes en los niños pueden tener una motivación adaptativa.Estas conductas reflejan respuestas adaptativas del sistema nervioso en desarrollo, no necesariamente conductas problemáticas. v. f.

La agresividad infantil puede manifestarse tanto como defensa ante amenazas como para afirmar la propia identidad.Por lo tanto cumple funciones de supervivencia y autoafirmación, siendo una conducta con sentido adaptativo dentro del desarrollo infantil. v. f.

Zero to Three, una organización que encuentra entre sus fines el bienestar de la infancia, halló que el 56% de los padres consideran que los niños menores de tres años cuentan con la habilidad para controlar sus impulsos. v. f.

La autorregulación es resultado del desarrollo cerebral y de interacciones sensibles con cuidadores, especialmente a través de la corregulación emocional. v. f.

La mejor forma de acompañar el enfado o la agresividad infantil es ignorar la emoción hasta que desaparezca. v. f.

En torno al 60% de los progenitores españoles manifestó que era necesario pegar a un menor en alguna ocasión para educarlo. v. f.

Aunque han proliferado manuales y formaciones sobre crianza respetuosa, aún persisten vestigios de la tendencia de recurrir a castigos físicos. v. f.

Si un adulto responde a la agresividad infantil con agresividad propia (por ejemplo, castigos físicos), esto puede generar un círculo de represión y reacciones defensivas en el niño, desarrollando sumisión e indefensión aprendida. v. f.

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