Tema 29 - Atención y cuidados al paciente de salud mental
|
|
Título del Test:
![]() Tema 29 - Atención y cuidados al paciente de salud mental Descripción: Oposiciones TCAE |



| Comentarios |
|---|
NO HAY REGISTROS |
|
Según la formulación utilizada en el tema, la OMS describe la salud mental como resultado de: La ausencia de síntomas y la estabilidad neuroquímica demostrable. La presencia de aspectos psicológicos, afectivos y sociales necesarios para el bienestar. La adecuación conductual observable sin referencia a lo emocional. El equilibrio exclusivo entre factores físicos y ambientales. Entre las características atribuidas a una persona mentalmente sana (Jahoda, 1958), se incluye: Mantener una actitud adecuada hacia sí misma y un autoconocimiento consciente. Presentar siempre un estado de ánimo eufórico y estable. Evitar cualquier conflicto interpersonal mediante aislamiento voluntario. Sustituir la creatividad por rutinas estrictas para reducir incertidumbre. En el análisis del proceso salud–enfermedad, el segundo punto clave se centra en: La imposibilidad de definir normalidad con criterios clínicos. La dinámica del ciclo vital como frontera entre salud y enfermedad. La primacía de los factores biológicos frente a los socioculturales. Las consecuencias de la interacción entre aspectos físicos, psíquicos, sociales y ambientales. En el texto, la salud mental se entiende como un estado que: Permite el desarrollo óptimo del sujeto sin perturbar la vida de sus semejantes. Depende exclusivamente de la integración social y del estatus económico. Se limita al control de síntomas y a la ausencia de trastorno diagnosticable. Exige la eliminación completa de emociones negativas y estrés. Señala el criterio que aparece explícitamente como rasgo de salud mental: Adhesión estricta a normas sin cuestionamiento. Predominio permanente de afectos positivos y euforia. Percepción de la realidad libre de distorsiones. Eliminación total del conflicto y de la ambivalencia emocional. La teoría biologista define la enfermedad mental principalmente como: Un trastorno orgánico o enfermedad, apoyado en disciplinas como neurofisiología y genética. Una respuesta aprendida por refuerzo social sin base orgánica. Un déficit de valores y libertad derivado del contexto social. Un conflicto simbólico interpersonal sin correlato somático. En el ejemplo clásico de Pavlov, el aprendizaje asociativo se evidencia cuando: El perro deja de salivar ante la comida por habituación prolongada. El estímulo neutro (campana) se convierte en respuesta y desplaza al alimento. El sonido de la campana, tras asociarse a la comida, provoca salivación. El castigo inhibe la respuesta salival y elimina el reflejo incondicionado. En el conductismo operante de Skinner, se sostiene que la conducta: Se origina por conflictos internos inconscientes y se expresa simbólicamente. Se explica por déficits en la satisfacción de necesidades secundarias. Tiende a mantenerse o extinguirse en función de sus consecuencias en el entorno. Depende sobre todo de la cultura y de la comunicación social. La teoría psicodinámica o psicomotriz sitúa el origen del trastorno mental en: Conflictos psicológicos internos vinculados a experiencias tempranas. Aprendizajes por imitación y refuerzo en grupos sociales amplios. Alteraciones cuantitativas acumulativas sin cambios cualitativos. Fallos en el procesamiento de la información exclusivamente. En las teorías humanistas, la enfermedad mental se concibe con frecuencia como: Un proceso orgánico irreversible con etiología genética predominante. Un déficit por no cubrir necesidades secundarias, con posible atribución social. Una distorsión perceptiva que se corrige solo con reestructuración cognitiva. Un patrón condicionado que se elimina únicamente por castigo. Las teorías sociales responsabilizan principalmente a: La neuroquímica y la neurocirugía como fuentes causales directas. La herencia genética como único factor determinante. Estructuras sociales (cultura, comunicación, relaciones humanas) que condicionan la salud mental. Procesos intrapsíquicos exclusivamente sexuales en la primera infancia. El enfoque de las teorías cognitivas se caracteriza por: Estudiar cómo la percepción y el pensamiento influyen en conductas desajustadas. Reducir toda explicación a mecanismos de castigo e inhibición. Centrar la etiología en déficits biológicos objetivables. Negar el papel del aprendizaje en la adquisición de conductas. El modelo mecanicista del desarrollo concibe al ser humano como: Reactivo a estímulos, con cambios cuantitativos y continuidad a lo largo del ciclo vital. Activo, con progresión cualitativa hacia estadios superiores unidireccionales. Producto exclusivo de factores sociohistóricos y sin continuidad conductual. Determinado por conflictos internos sin influencia ambiental. El modelo organicista se asocia con la idea de que el desarrollo: Es multidireccional y rechaza todo finalismo por definición. Se reduce a suma de elementos discretos sin saltos cualitativos. Depende únicamente de la imitación de modelos sociales (aprendizaje vicario). Progresa hacia niveles cualitativos de estructuración, en sentido unidireccional. El modelo dialéctico–contextual enfatiza especialmente: La maduración biológica como motor único del cambio. La continuidad cuantitativa y la ausencia de cambios cualitativos. La primacía del castigo en la adquisición de conductas. La interacción organismo–medio y factores sociohistóricos, con procesos multidireccionales. Según el texto, la psiquiatría social se orienta a: Sustituir la intervención clínica por medidas exclusivamente legales. Priorizar el diagnóstico orgánico sobre cualquier variable sociocultural. Centrarse solo en la farmacoterapia para restaurar la “normalidad”. Medidas preventivas y curativas para una vida satisfactoria en su marco social, favoreciendo la adaptación. Respecto al DSM-5, es correcto afirmar que: Se publicó en 2003 y mantiene cinco ejes diagnósticos obligatorios. Se publicó en 2013 y reorganiza sus capítulos (22), ordenando trastornos por aparición. Es un sistema recomendado por la OMS como estándar universal (CIE-10). Sustituye la clasificación clínica por un enfoque solo sociocultural. En la enumeración de categorías del DSM-5 incluida en el tema, los trastornos obsesivo–compulsivos y relacionados figuran como: Trastornos del sueño–vigilia. Trastornos obsesivo–compulsivos y trastornos relacionados. Trastornos disociativos. Trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta. En la lista del tema, el bloque que aparece como n.º 17 en DSM-5 corresponde a: Trastornos relacionados con trauma y factores de estrés. Trastornos de ansiedad. Trastornos del desarrollo neurológico. Trastornos neurocognitivos. En la clasificación CIE-10 mostrada (bloques F), los trastornos del humor (afectivos) se identifican como: F2. F4. F7. F9. En esa misma tabla (CIE-10), los trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos se sitúan en: F3. F4. F6. F5. La unidad de salud mental comunitaria se define como: Dispositivo básico de atención especializada en salud mental y primer nivel especializado del área. Recurso residencial prolongado para tratamiento intensivo permanente. Dispositivo de hospitalización completa con estancias largas programadas. Servicio exclusivo para urgencias psiquiátricas extrahospitalarias. Entre las funciones de la unidad comunitaria, se incluye (según el listado del tema): Realizar terapia electroconvulsiva como técnica de primera línea. Sustituir la atención primaria en la patología psiquiátrica leve. Gestionar únicamente ingresos hospitalarios y altas administrativas. Apoyar y asesorar a atención primaria mediante formación, interconsultas u otras actividades. La unidad de hospitalización de salud mental se describe como un dispositivo destinado a: Programas especializados exclusivamente para población menor de edad. Hospitalización parcial diurna como recurso intermedio. Atender necesidades de hospitalización en salud mental del área de referencia. Tratamiento residencial permanente, completo y prolongado. Una función señalada para la unidad de hospitalización es: Mantener al paciente ingresado hasta completar rehabilitación social comunitaria. Dar el alta e informar a la unidad comunitaria para garantizar continuidad asistencial y cuidados. Sustituir la unidad comunitaria en el seguimiento ambulatorio ordinario. Centralizar la atención de salud mental solo en servicios quirúrgicos. La unidad de salud mental infanto–juvenil se define como: Recurso residencial para adultos con trastorno mental grave y necesidad permanente. Hospital de día para pacientes derivados de cualquier especialidad médica. Dispositivo para programas especializados de población infantil y adolescente del área correspondiente. Unidad de corta estancia destinada a urgencias exclusivamente. Entre sus funciones, la unidad infanto–juvenil incluye: Desarrollar programas específicos ante necesidades planteadas por comunidad o por instituciones públicas competentes en menores. Eliminar la coordinación con otros dispositivos para evitar duplicidades. Atender solo en régimen domiciliario, excluyendo hospitalización parcial o completa. Limitarse a evaluación diagnóstica sin intervención programática. El hospital de día de salud mental se define en el tema como: Un dispositivo residencial prolongado con carácter permanente. Un recurso destinado a hospitalización completa de larga estancia. Un servicio de urgencias con observación inferior a 24 horas. Un dispositivo de hospitalización parcial, intermedio entre unidad comunitaria y hospitalización. La comunidad terapéutica de salud mental se caracteriza por: Tratamiento intensivo permanente, completo y prolongado, con carácter residencial. Intervención diurna sin pernocta, orientada solo a psicoterapia breve. Seguimiento domiciliario de pacientes leves sin coordinación asistencial. Atención exclusiva a crisis agudas en urgencias. En el enfoque domiciliario, el texto subraya que, para mantener autonomía, suele ser preferible: Sustituir la ejecución del usuario por rapidez, evitando errores. Que el usuario realice la actividad con supervisión e instrucciones secuenciadas, aunque tarde más. Limitar la participación del usuario a tareas avanzadas (trabajo/ocio). Posponer el entrenamiento de hábitos hasta fases tardías de dependencia. Las AVD se agrupan en el tema en: Básicas, sanitarias, farmacológicas. Primarias, secundarias, terciarias. Básicas, instrumentales y avanzadas. Cognitivas, emocionales y sociales. Dentro de las AVD avanzadas, se incluyen en términos generales las relacionadas con: El control de esfínteres y el aseo básico. La preparación de alimentos y el cuidado del hogar. El trabajo y el tiempo libre. La deglución y el vestido. En el listado de AVD básicas del tema, “incontinencia” se refiere a: Incontinencia urinaria o de defecación. Falta de coordinación motora fina al manipular objetos. Dificultad para preparar alimentos complejos sin supervisión. Incapacidad para mantener conversación con voz y volumen normales. Según el apartado de modificación de conducta, la retirada de atención consiste en: Reforzar verbalmente cualquier conducta alternativa, aunque sea inadecuada. Aplicar consecuencias desagradables asociadas a la conducta para extinguirla. Sustituir el miedo por relajación mediante exposición gradual. Suspender totalmente la interacción hasta que la conducta desaparezca. La sobrecorrección, tal como se expone en el tema, implica: Privar temporalmente del reforzador que mantiene la conducta. Repetir la conducta deseada tantas veces como sea necesario para instaurarla. Imitar modelos adecuados para adquirir patrones por observación. Asociar la conducta a una consecuencia desagradable de modo sistemático. La ansiedad y la angustia se diferencian en el texto porque: La ansiedad es un fenómeno psíquico y la angustia añade alteraciones somáticas. La ansiedad implica siempre pérdida de control y la angustia nunca. La ansiedad solo aparece ante un peligro real y la angustia nunca lo hace. La ansiedad exige sustrato orgánico demostrable y la angustia no. La “crisis de angustia” descrita en el tema suele ceder: En torno a los 15–20 minutos, aunque el paciente tema su repetición. Únicamente tras sedación profunda y hospitalización completa. En 48–72 horas, coincidiendo con la normalización del sueño. Solo cuando se elimina el estímulo fóbico específico. En una situación de ansiedad elevada, una intervención de Enfermería destacada es: Permanecer a su lado, hablar tranquilamente y disminuir el exceso de estímulos. Solicitar que tome decisiones rápidas para recuperar control. Incrementar estímulos ambientales para “normalizar” la percepción. Contradecir el contenido emocional para cortar el circuito ansioso. Según la OMS (en el tema), una fobia puede definirse como: Un miedo realista ante un peligro objetivable que facilita adaptación. Un patrón depresivo crónico con fatiga y pérdida de apetito. Un estado neurótico con miedo anormalmente intenso hacia objetos o situaciones específicas que normalmente no lo causarían. Un episodio mixto con síntomas maníacos y depresivos simultáneos. En la clasificación de fobias presentada, las fobias de impulso se caracterizan por: Temor a espacios abiertos o cerrados como rasgo central. Percibir un objeto como peligroso y susceptible de “usarse” durante un estado intenso de pánico. Miedo a enfermedades y a deformaciones físicas como núcleo principal. Temor a tocar animales u objetos por contaminación exclusivamente. En el apartado de obsesiones, se indica que una característica relevante es que: Siempre están ligadas a una situación concreta y desaparecen al evitarla. Se presentan solo en personas sin conciencia de su anormalidad. Son ideas externas a la persona (alucinatorias) sin vivencia interna. No dependen de una situación específica y el paciente es consciente de su carácter anormal y desagradable. Según el texto, los ritos compulsivos suelen describirse como: Conductas espontáneas, variables e imprecisas que aumentan la interacción social. Respuestas motoras involuntarias sin relación con la ansiedad. Actos formales y precisos (orden, dudas, verificaciones, escrúpulos) que buscan disminuir la angustia ligada a la obsesión. Conductas promiscuas frecuentes como forma de descarga emocional. En el trastorno de estrés traumático, el tema destaca como rasgo clínico: La presencia de “flashback”, con reexperiencia del suceso y frecuente ansiedad, depresión y pesadillas. La desaparición completa del recuerdo traumático sin síntomas asociados. La sustitución del miedo por euforia persistente sin alteraciones del sueño. La ausencia de cualquier mecanismo defensivo frente a la ansiedad. En la diferenciación neurosis–psicosis del tema, se señala que: En la neurosis el paciente reconoce su estado; en la psicosis suele ignorarlo y puede negar la realidad de su alteración. En la neurosis siempre hay desorganización de personalidad; en la psicosis nunca. En la neurosis se pierde introspección; en la psicosis se conserva plenamente. Ambas se definen por presencia obligatoria de base orgánica demostrable. El tema advierte que el mayor riesgo de suicidio en depresión: Se produce siempre en el primer episodio, antes de cualquier tratamiento. Puede aumentar cuando el paciente empieza a recuperarse y cuenta con más energía para ejecutar ideas suicidas. Solo aparece en depresiones reactivas, no en endógenas o melancólicas. Es máximo cuando la depresión es más profunda y el paciente está totalmente inhibido. Un episodio maníaco se describe (en el tema) como estado de ánimo elevado/expansivo o irritable durante al menos una semana, acompañado por: Hipersomnia constante, enlentecimiento psicomotor y apatía persistente. Crisis nocturnas de pánico con miedo a morir y parestesias. Obsesiones de limpieza con rituales compulsivos de verificación. Aumento de autoestima/grandiosidad, disminución de necesidad de dormir, verborrea, fuga de ideas, distractibilidad o agitación. Según el apartado de tratamiento de los trastornos bipolares, el litio se emplea: Solo en episodios depresivos y nunca como preventivo. Durante el episodio maníaco y, sobre todo, como preventivo tras superar la crisis. Únicamente cuando hay síntomas psicóticos resistentes a neurolépticos. Solo como hipnótico para regular el sueño en fases intercríticas. En la evolución del trastorno bipolar, el patrón monofásico se describe como: Repetición del mismo tipo de fase con períodos intrafase; con frecuencia se repiten más fases depresivas que maníacas. Alternancia obligatoria de fases maníaca y depresiva con normalidad intermedia fija. Presencia simultánea de síntomas maníacos y depresivos durante al menos una semana. Curso exclusivamente crónico sin oscilaciones en intensidad ni sintomatología. En el tratamiento farmacológico de la depresión, el tema subraya que: Los antidepresivos actúan de forma inmediata (en horas) y no requieren seguimiento estrecho. La eficacia depende solo de aumentar dosis y mantener amplias reservas al alta. Suelen tardar entre 2 y 6 semanas en hacer efecto, por lo que el paciente necesita apoyo para adherencia y vigilancia de efectos secundarios. La psicoterapia se contraindica en el ámbito hospitalario por empeorar la desesperanza. En relación con los fármacos antidepresivos y el alta, el tema indica como práctica relevante: Dar el alta solo cuando el paciente haya completado psicoterapia de larga duración. Mantener siempre dosis máximas por seguridad y para evitar recaídas inmediatas. Dar el alta con la dosis mínima efectiva y con poca reserva del fármaco. Sustituir el tratamiento farmacológico por medidas higiénico–dietéticas exclusivamente. |




